Meditación diaria

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Julio 12, Suyo por siempre

Recuerde, le costó a Jesús todo lo que Él tenía para comprarlo nuevamente para si mismo. Aunque Él era el Señor de todo el universo, Él dejó de lado toda su autoridad y poder para morir en absoluta pobreza. Él no poseía nada. Los lienzos de su sepultura y la tumba en la que fue sepultado, ambos fueron prestados.

Julio 11, La Perla de Gran Precio

En Mateo 13:45-46, Jesús contó una parábola que en mi opinión, describe muy bien la maravilla de nuestra redención: También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.

Julio 10, Herramientas que Dios utiliza

La Biblia enseña que el cuerpo físico es el templo del Espíritu Santo, y que cuando Jesús murió y derramó Su sangre en la cruz, Él redimió nuestros cuerpos en adición a nuestro espíritu y alma. Le pertenecemos a Él completamente–espíritu, alma y cuerpo.

Julio 09, Perteneciendo a Jesús

¿Por qué usted no se pertenece a sí mismo? Porque alguien más lo ha comprado. Cuando usted fue comprado por alguien, entonces ya no se pertenece. ¿Quién lo compró? Jesús. ¿Con qué método de pago? Su sangre. Por lo tanto, si ya fue comprado por Jesús, recuerde, usted no se pertenece a sí mismo.

Julio 08, Canales de la vida espiritual

Recordemos que cuando el espíritu del hombre vuelve a tener unión con Dios, y el Espíritu Santo viene y llena esa lámpara, entonces esa lámpara adentro del hombre es iluminada y derrama luz a todo su ser interior. Ya no está en oscuridad. Además, el espíritu renacido se convierte en un canal para que el Espíritu Santo pueda ser derramado en este mundo.

Julio 07, Fruto Espiritual

La adoración es el acto por el cual estamos unidos al Señor como un solo espíritu. Es por eso que la adoración es la actividad más suprema de los seres humanos. Además, cuando estamos unidos al Señor en adoración, comenzamos a producir (crear/nacer) las cosas que Dios quiere que sean producidas.

Julio 06, Adorando en Espíritu

Mientras cumplimos los requerimientos de Dios para nuestros cuerpos y nuestras almas, nuestros espíritus están libres para entrar en comunión con Dios-una comunión aún más maravillosa que aquella que se perdió en la caída.