Marzo 16, Rendir nuestra vida

 

Venzo a Satanás con la sangre del Cordero y la palabra de mi testimonio, y no amo mi vida hasta la muerte.

 

Tenemos que saber cómo apropiarnos de la sangre de Jesús para experimentar completamente los efectos de Su sangre. La Escritura de hoy y nuestra confesión para esta semana se refiere a un gran conflicto al final de los tiempos que involucra tanto al cielo como a la tierra, los ángeles de Dios, Satanás y sus ángeles, y el pueblo de Dios sobre la tierra. La declaración es realizada por los ángeles de Dios: "Ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Apocalipsis 12:11).

"Ellos" eran personas como usted y como yo, creyentes en Jesucristo. "Le" se refiere a Satanás. Hay un conflicto directo entre nosotros y Satanás; no hay nadie en el medio. Este versículo nos dice como los creyentes lo vencieron, se los describe como personas comprometidas, totalmente comprometidas. Un cristiano comprometido es lo único que asusta a Satanás. Cuando dice, "menospreciaron sus vidas hasta la muerte", significa que mantenerse vivos no era su primera prioridad. La prioridad número uno era ser fiel al Señor y hacer Su voluntad.

Al hablar de los "soldados en el ejército del Señor", muchos de nosotros tenemos una idea vaga y sentimental sobre lo que eso significa. Cuando era un soldado en la armada británica, no recibí un certificado del comandante oficial garantizándome de que no perdería mi vida. Cualquier soldado sabe que puede ser asesinado; servir le podría costar la vida. Es lo mismo en la armada del Señor. No hay garantía de que no tendremos que dejar nuestras vidas. Las personas a las que Satanás teme son aquellas que no tienen miedo de dejar sus vidas. Después de todo, la vida en la tierra es breve comparada con la vida eterna en el cielo.

 

Gracias Señor por la sangre del Cordero. Proclamo que "mantenerme vivo" no es mi primera prioridad, y además que venzo a Satanás con la sangre del Cordero y la palabra de mi testimonio, y no amo mi vida hasta la muerte. Amén.

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