Mayo 20, Ordenado para gloria

 

Jesús llevó nuestra vergüenza para que compartamos su gloria.

Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? (Romanos 8:29-32 NVI)

 

Cuando nos identificamos con Jesús en Su muerte, entramos en su abundante herencia. Nos convertimos en herederos de Dios y coherederos con Jesucristo. Sin embargo, aquí hay un proceso. Pablo describe cinco etapas, y todas están en el tiempo pasado. Los dos pasos primeros ocurrieron en la eternidad, antes que el tiempo existiera: Dios nos conoció y nos predestinó. Luego, Dios nos llamó por medio de la predicación del Evangelio. Cuando respondimos al llamado, entonces Él nos justificó. Pero no se detuvo allí; también nos glorificó. Nos levantó para que compartiéramos la gloria con Jesús en el cielo como reyes y sacerdotes. No en el futuro; observe que, este también está en el tiempo pasado.

Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria. (Colosenses 3:1-4 NVI)

Nosotros ya compartimos la gloria de Cristo, pero está en el mundo invisible, no se puede ver. Donde está Jesús, estamos nosotros.

 

Gracias Jesús por tu obra en la cruz. Proclamo que Dios me conoció, me predestinó, me llamó, me justificó, y me glorificó. Jesús llevó mi vergüenza para que yo comparta su gloria. Amén.

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