Mayo 18, Ayudando a los elegidos de Dios
Jesús llevó nuestra vergüenza para que compartamos su gloria.
Hace muchos años, con mi primera esposa nos comprometimos en ayudar a dos mujeres judías quienes habían escapado de la Unión Soviética. En un sentido, estas jovencitas se habían puesto a nuestra merced. Tuvimos que soportar muchos dolores y problemas tratando de ayudarlas, y, por la gracia de Dios, en última instancia tuvimos éxito al hacerlo. Un día caluroso, mientras me quejaba de esto, afanado yo ascendía una colina empinada hacia Haifa. A pesar de que estas jovencitas agradecieron mucho nuestra ayuda, yo pensaba que ya era demasiado lo que tuve que pasar por ayudarlas. Y Dios me dio este versículo; no supe dónde encontrarlo en la Biblia, pero sólo las palabras vinieron a mí:
Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos (los elegidos de Dios), para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna. (2 Timoteo 2:10)
Desde esa experiencia, me di cuenta de que mi situación estaba muy lejos en relación al sufrimiento de Jesús en la cruz. Al comparar con la suya yo padecí pocos inconvenientes. Pero el propósito era ayudar a los elegidos de Dios a entrar en la salvación con gloria eterna.
Todos deberíamos dedicar más tiempo para pensar en esa palabra gloria, porque es nuestro destino. Si hay un precio a pagar por la gloria, créame, vale la pena. Tal vez seamos llamados en algún momento a renunciar a esos dos ídolos de conveniencia y comodidad. Si solo pudiéramos tener una visión de todo lo que se logra con nuestras inconveniencias y sacrificios personales, un día veríamos a las personas que están allí en gloria, gracias a lo que hemos hecho por ellas.
Esa era la motivación de Jesús. Él no lo hizo para sí mismo sino para llevar a muchos hijos a la gloria.
Gracias Jesús por tu obra en la cruz. Proclamo que renunciaré a esos dos ídolos de conveniencia y comodidad, como hizo Jesús, para ayudar a los elegidos de Dios a recibir la salvación. Jesús llevó mi vergüenza para que yo comparta su gloria. Amén.
