Mayo 19, Jactarse en la cruz

 

Jesús llevó nuestra vergüenza para que compartamos Su gloria.

 

Un día, el Espíritu Santo me habló a través de lengua e interpretación: "Considera la obra del Calvario, una obra perfecta; perfecta en todos los sentidos, perfecta en todo aspecto". Dios me mostró que, si pudiera entender completamente lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario, descubriría que fue perfecto y completo. No había nada que necesite ser añadido, ni tampoco que se pudiera quitar. Cada necesidad había sido suplida. Esto produjo en mi un deseo por conocer más sobre la cruz. Gradualmente, a lo largo de los años, el Espíritu Santo me hizo entender más y más las Escrituras.

Pero jamás acontezca que yo me gloríe (jactar), sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo. (Gálatas 6:14)

Pablo tenía una sola cosa en la que se podía jactar, y esta es la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Esa es una declaración maravillosa si considera que, en los tiempos de Pablo, la cruz era la encarnación absoluta de todo lo vergonzoso y repugnante.

En su libro La crucifixión vista por un cirujano, de Pierre Barbet, un cirujano católico, quien intentó identificar y describir la experiencia física de una persona crucificada. El problema fue que no tuvo patrón de referencia, porque nadie en los últimos dos siglos había visto a una persona morir en una cruz. Me hizo pensar cuan remoto puede ser la cruz para nosotros como un instrumento de vergüenza y tortura.

Pablo no se jactó de su linaje judío o de las iglesias que estableció o los milagros que había visto.  Él se jactó en la cruz. Que ese mismo espíritu esté en cada uno de nosotros, un espíritu capaz de vaciarse de la autosuficiencia, del orgullo, y jactancia carnal, para que podamos reconocer con humildad la cruz de Jesucristo.

 

Gracias Jesús por tu obra en la cruz. Proclamo que me jactaré en la cruz de Jesucristo, porque Jesús llevó mi vergüenza para que yo comparta Su gloria. Amén.

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