Marzo 24, Un cuerpo de humillación
Mi cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo.
Cuando el hombre se rebeló en contra de Dios, toda su personalidad fue afectada. La palabra que se usa en las Escrituras para describir esta condición es corrupción. Toda área de la personalidad humana está afectada, espiritual, moral y física. La muerte está al final de la corrupción física. Pablo dijo, "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12). A través del pecado, el veneno de la corrupción entró en nosotros. 1ra Corintios 15:56 nos dice, "El aguijón de la muerte es el pecado". Al igual que una abeja o una avispa introduce su veneno en un cuerpo con su aguijón, así Satanás introdujo el veneno de la corrupción y muerte a través del aguijón del pecado.
Todos nos hemos vuelto criaturas corruptas. En Filipenses 3:21, Pablo llamó a nuestros cuerpos presentes "el cuerpo de nuestro estado de humillación" (LBLA). Estamos en un "estado de humillación", humillados, porque nos rebelamos en contra de nuestro Creador. No importa cuán elegante, sanos, fuertes, ricos, o famosos seamos, vivimos en cuerpos de humillación. Podemos comer la comida más fina y beber las bebidas más sabrosas, pero aún deberemos usar el baño. Podemos ser fuertes y sanos, pero cuando nos calentamos mucho, empezamos a traspirar. Ya sea rico o pobre, todos traspiramos. Estas funciones naturales nos recuerdan que todos somos rebeldes y transgresores cuyos cuerpos son en consecuencia sujetos a corrupción.
Pasé cinco años entrenando a maestros africanos, y estaba interesado en sus habilidades atléticas. Les decía a estos hombres jóvenes y fuertes, "Sólo tengan en mente, un pequeño mosquito anofeles puede venir e insertarles su probóscide, y estarán en problemas, temblando y con fiebre". Ese es nuestro cuerpo de humillación. La buena noticia es que Jesús murió para redimirnos y no sólo a nuestras almas. Él redimió al hombre total, cuerpo, alma, y espíritu.
Gracias Señor por Tú provisión para mí cuerpo. Proclamo que Jesús murió para redimirme totalmente. Por lo tanto, mi cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo. Amén.
