Marzo 23, Un sacrificio vivo
Mi cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo.
Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. (Romanos 12:1 LBLA)
En los capítulos anteriores de Romanos, somos confrontados con una teología tremenda. La aplicación comienza con nuestros cuerpos: tenemos que presentar nuestros cuerpos a Dios como sacrificio vivo.
Podemos pensar, El cuerpo no es muy importante; es realmente el alma lo importante. Pero usemos una analogía práctica: si yo pido un vaso de agua, tendré ambos el recipiente como su contenido. No podría tener el agua sin el vaso. Eso es lo que está diciendo Dios. Él quiere el recipiente, el cuerpo y su contenido, el alma. No podemos dar los contenidos sin el recipiente.
¿Qué significa hacer a nuestros cuerpos "un sacrificio...vivo"? Los sacrificios del Antiguo Testamento eran animales que eran matados, luego colocados en el altar. Dios dice, "Quiero su cuerpo tan completamente como los sacrificios del Antiguo Testamento, pero con una diferencia, no quiero su cuerpo muerto sino vivo. Cuando tengo su cuerpo, lo tengo a usted".
En Mateo 23, Jesús estaba hablando a los fariseos, explicando que cosas realmente importan en su servicio a Dios. Ellos decían que el ofrecimiento era más importante que el altar. Jesús dijo, "¡Ciegos!, porque ¿qué es más importante: la ofrenda, ¿o el altar que santifica la ofrenda?" (Mateo 23:19 LBLA). El altar santifica la ofrenda que es colocada sobre él. La ofrenda es hecha sagrada al ser colocada en el altar de Dios. Así es como con nuestros cuerpos. Cuando ponemos nuestros cuerpos en el altar de Dios, estos se convierten en algo sagrado. Estos son santificados, apartados para Dios. Es un acto que cada uno de nosotros debemos realizar.
Gracias Señor por Tú provisión para mí cuerpo. Me presento a Dios como un sacrificio vivo, y proclamo que mí cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo. Amén.
