Marzo 21, Una unidad intrincada
Mi cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo.
Leyendo el libro de Job, encontramos algunas revelaciones tremendas sobre el cuerpo. En muchas maneras, hay una interrelación maravillosa entre los libros de Génesis y el de Job. Job 10:8-12 es un resumen hermoso sobre la obra creativa de Dios de nuestros cuerpos. El versículo 8 dice, " Tus manos me formaron y me compusieron. Todo en contorno… ".
Como en Génesis 2:7, donde la palabra "formado" indica un trabajo habilidoso que resulta de gran cuidado, también el libro de Job enfatiza la habilidad inmensurable y el cuidado que Dios dedicó en formar el cuerpo humano:
Tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces? Acuérdate que como a barro me diste forma; ¿Y en polvo me has de volver? ¿No me vaciaste como leche, Y como queso me cuajaste? Me vestiste de piel y carne, Y me tejiste con huesos y nervios. (Job 10:8-11)
¡Qué expresión tan vívida! Que imagen hermosa de la interrelación de las varias partes primarias del cuerpo. Leemos en el versículo 12, "Vida y misericordia me concediste, y tu cuidado ["visita] guardó mi espíritu".
Más adelante en Job, tenemos otro aspecto, la parte espiritual de la naturaleza del hombre: "Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo ("inspiración") del Omnipotente le hace que entienda" (Job 32:8).
Estas palabras de Job concuerdan perfectamente con las de Génesis. Es la unión del soplo de Dios desde arriba con el barro de abajo que trae a la existencia una completa personalidad humana.
Gracias Señor por Tú provisión para mí cuerpo. Soy la unión del soplo de Dios desde arriba con el barro de abajo y proclamo que mí cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo. Amén.
