Marzo 20, Una creación milagrosa
Mi cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo.
Sabemos de la personalidad interna del hombre, su espíritu y su alma, pero no seamos ciegos al hecho de que el cuerpo del hombre es también una creación de Dios maravillosa y milagrosa. Muchos creyentes no valoran o cuidan suficientemente sus propios cuerpos. Hasta que el aliento de Dios no entró en ese cuerpo de barro, este era sólo barro, nada más. Se convirtió en un cuerpo físico vivo y con todos sus organismos, partes, y miembros funcionado a través de la operación milagrosa del Espíritu de Dios.
Considere el ojo humano. En una teledifusión particular, la Sociedad Americana de Oftalmología presentó información fascinante. Si recuerdo correctamente, dijeron que un ojo humano contiene más de tres millones de sus partes funcionando. ¿Qué trajo eso a la existencia? El aliento de Dios. Todos nuestros músculos, nervios, y glándulas, todas las funciones de nuestro cuerpo físico le deben su origen al aliento inspirado de Dios. Eso es lo que transformó al barro en un organismo físico maravilloso. Cuando usted comprende esa verdad, los milagros de sanidad divina se vuelven lógicos. ¿Quién mejor puede reparar, restaurar, y, si es necesario, recrear el cuerpo que el mismo Agente que lo formó inicialmente? El Espíritu de Dios es el Creador y el Sanador.
He tenido el privilegio de presenciar milagros creativos de Dios donde huesos faltantes fueron restaurados. Una vez pedí oración a favor de una pequeña niña en San José, California, cuya hermana mayor nació con los huesos que le faltaban en la parte arriba de las dos piernas. Como resultado de la oración, Dios creó los huesos. No digo que sea simple, pero es entendible cuando usted entiende el origen del cuerpo humano. Era sólo una forma de barro hasta que el Espíritu de Dios se movió sobre él y produjo un organismo complejo que su Creador pueda sanar.
Gracias Señor por Tú provisión para mí cuerpo. Soy una creación milagrosa y maravillosa de Dios, y proclamo que mí cuerpo es para el Señor, y el Señor es para mí cuerpo. Amén.
