Marzo 07, Rendidos a Dios

 

Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia, cedidos a Dios para Su servicio y para Su gloria.

 

Pablo dijo, "Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia" (Romanos 6:12-13, LBLA). Hemos sido liberados. El pecado no debe controlar nuestras manos, nuestros pies, o nuestras lenguas. Por el contrario, Pablo dijo, que debemos rendirnos a Dios y a nuestros miembros como instrumentos de justicia de Dios. Hay una doble entrega.

Primero, cedemos nuestra voluntad a Dios diciendo, "No mi voluntad, sino que la tuya sea hecha". En la Oración del Señor, la segunda petición es, "Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra" (Mateo 6:10). Al orar "Sea Tú voluntad", comienza con la voluntad del que está orando, uno que quiere que la voluntad de Dios sea hecha.

Una vez que hemos cedido nuestra voluntad, cedemos luego nuestros miembros físicos a Dios como instrumentos de justicia. En griego, la palabra "instrumentos" significa literalmente "armas", implicando conflicto espiritual. Estos no son sólo cualquier instrumento, como una azada, son instrumentos de pelea, como una espada.

El bautismo en el Espíritu Santo es la clave porque en esa experiencia cedemos por primera vez nuestra voluntad a Dios; luego cedemos el miembro rebelde al que no tenemos poder de controlar: la lengua. Cuando somos bautizados en el Espíritu Santo, en verdad cumplimos la instrucción de ceder nuestros miembros a Dios como instrumentos (armas) de justicia. Ciertamente, cuando la lengua ha sido entregada a Dios y tomada por el Espíritu Santo, se convierte en un arma: en oración, en testimonio y en predicación.

 

Gracias Jesús por tú victoria en la cruz. Rindo todo mi ser y mi voluntad a Dios, proclamando que mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia, cedidos a Dios para Su servicio y para Su gloria. Amén.

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