Marzo 06, Liberación del tormento
Mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia, cedidos a Dios para Su servicio y para Su gloria.
Durante muchos años, mientras era pastor en Londres, tuve una tremenda lucha contra la depresión que venía sobre mí, me pesaba, y me encerraba. Me daba una sensación de desesperanza y fracaso. Tal vez usted se puede identificar con esto. Luché con esta situación de todas formas que yo pude saber, pero no pude salir adelante. Luego, me encontré con Isaías 61:2 y 3: "a consolar …a los afligidos de Sión; …a ponerles un manto de alegría en lugar de un espíritu angustiado".
Mientras leía esas palabras, el Espíritu Santo me mostró, "¡Ése es tu problema!" Fue como un rayo de luz penetrando. Me di cuenta de que no estaba peleando contra mí mismo sino con otro ser, un espíritu maligno que me estaba atormentando y oprimiendo. Cuando me di cuenta de eso, ya estaba probablemente en un 80 por ciento en camino a la victoria. En verdad necesité sólo otra Escritura más: "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo (escapará/será libre)" (Joel 2:32).
Colocando esas dos Escrituras juntas, oré, "Dios, me has mostrado que estoy oprimido por un espíritu de angustia. Vengo a tí ahora, invocando el nombre del Señor Jesús. Libérame". Él liberó mi mente de ese espíritu opresor.
Ahora, me correspondía reprogramar mi propia mente. Tenía generalmente patrones de pensamiento negativos, que Dios me mostró eran una negación de mi fe en Jesús. De mi dependía volver a entrenar mi mente. Durante un período de muchos años, cada vez que un pensamiento negativo, pesimista venía a mí, lo rechazaba, reemplazándolo con una confesión positiva de las Escrituras. Varios años más tarde, toda mi manera interna de funcionar había cambiado completamente. Era una persona totalmente diferente.
Gracias Jesús por Tú victoria en la cruz. Proclamo que he sido liberado de todo tormento y que mis miembros, las partes de mi cuerpo, son instrumentos de justicia, rendidos a Dios para Su servicio y para Su gloria. Amén.
