La belleza de la rectitud
Salmo 45:7–8
Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean.
El salmista dirige proféticamente estas palabras al Señor Jesús. Son un retrato de Jesús, de su carácter, de su actitud, y de la razón por la cual Dios lo exaltó.
Es importante que nosotros comprendamos que Jesús no fue tratado como un Hijo predilecto. Él no fue promovido sin méritos, sino que ganó el lugar al cual fue ascendido, y la razón aquí expuesta es su actitud moral. El salmista dice: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros”. Fue la actitud de Jesús en cuanto a la justicia y la maldad lo que llevó a Dios a honrarlo.
Observe que en este asunto no hay punto neutro. Si amamos la justicia, odiaremos la maldad. No podemos transigir en esto. Y observe también la belleza que acompaña la justicia: el perfume de mirra, áloe y casia, y las dulces melodías en un palacio de marfil. Qué cuadro más hermoso de la justicia y de cómo la justicia mueve a Dios a exaltar a aquellos que la practican.
