Febrero 25, ¡Continúa diciéndolo!

 

Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes en mí contra. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús!

 

La primera vez que hacemos esta declaración, Satanás se reirá de nosotros. Tenemos que continuar diciéndola. Satanás es el tentador, pero es muy metódico y no pierde el tiempo. Él lo tentará mientras obtenga alguna respuesta de su parte. Cuando ya no hay más respuesta, no se molestará en tentarlo.

Digamos que, podemos ser tentados en el área del resentimiento. Debemos continuar diciendo, "Ha sido crucificado. No tiene poder en mí. No tiene lugar en mí". El diablo dirá, "Eso no es realmente verdad. Eso es sólo algo que el hermano Prince dice". Pero nosotros continuamos diciéndolo. Y después de un tiempo, se vuelve tan real que el diablo ya no pierde su tiempo tratando de tentarnos.

Una de las cosas que debemos hacer es edificar los muros de nuestro carácter. La Biblia dice que la persona que no tiene control sobre su propio espíritu es como una ciudad derribada y sin muros. (Vea Proverbios 25:28). En nuestra cultura de hoy, muchas personas están creciendo como muros derribados a causa de sus malos hogares, de drogas, o influencias malignas. Cualquier persona que haya estado involucrado profundamente en drogas es definitivamente una ciudad sin muros que las proteja. Edificamos los muros al fortalecer nuestra voluntad y afirmar nuestros derechos comprados en la cruz. Podemos pensar que este proceso es una experiencia terrible. Pero no nos damos cuenta lo bien que nos hace; al final de todo, hemos edificado un carácter fortalecido. Los dones son temporales, sólo para esta vida; el carácter es permanente, va con nosotros a la eternidad. Dios está infinitamente más interesado en su carácter que en sus dones.

 

Gracias Señor, por la sangre de Jesús. Proclamo que tengo la intención de fortalecer mi voluntad y afirmar mis derechos comprados por la cruz, declarando una y otra vez: Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes en mí contra. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús! Amén. 

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