Febrero 24, La Cruz cruel

 

Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes contra mí. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús!

 

Algunas personas luchan con el miedo, la depresión, la soledad, la lujuria, o la ira. Un consejero nos puede ayudar hasta cierto punto; pero en última instancia, la solución está en nuestras manos: la cruz. Debemos identificar en nosotros esta naturaleza cuando y donde aparece. En el ministerio de liberación, hay dos demonios que funcionan como porteros. Ellos abren la puerta para que entre el próximo demonio. Estos porteros son la lástima y el resentimiento. La lástima es una herramienta tremendamente poderosa de Satanás, y nadie puede permitirse dar rienda suelta al resentimiento. 

En algún momento, tenemos que actuar violentamente. La cruz es totalmente cruel, no hay nada confortable, ni atractivo, o dulce en el madero. Pero damos gracias a Dios porque esta es la salida; es la provisión de Dios.

La mayoría de nosotros tenemos un "pecado que nos acosa", un pecado al que estamos tan acostumbrados que pensamos es parte de nuestra vida. Descubrimos que es difícil odiarlo porque es casi como odiarnos a nosotros mismos. Sorprendentemente, este pecado que me acosa fue el problema de mi padre antes que fuera mío. Los niños heredan mucho de sus padres, y ciertos patrones de conducta son establecidos para nosotros. Veo comportamientos en mí que son reproducciones directas del comportamiento de mi padre.

Necesitamos pedirle al Espíritu Santo que identifique la naturaleza de nuestros problemas. Llámelos por sus nombres (probablemente no serán nombres bonitos), tal vez la lujuria, el orgullo o la mentira. Luego, debemos decir, "En Jesús, ha sido crucificado. Lo pongo en la cruz. No dejaré que me domine. Soy libre de eso mediante la cruz". 

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo que, en Jesús, el pecado que acosa mi vida (…nómbrelo aquí) ha sido crucificado. Lo pongo en la cruz. No dejaré que me continúe dominando. Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes contra mí. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús! Amén. 

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