Febrero 23, El poder del ayuno
Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes contra mí. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús!
He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis y para herir con el puño inicuamente...¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? (Isaías 58:3-5)
Para las personas que aquí se describe, el ayuno era solamente una parte aceptada del rito religioso, el tipo de ayuno practicado por los fariseos en los días de Jesús. En vez de un arrepentimiento real o humildad, continuaban con los asuntos seculares normales y retenían las actitudes malvadas de codicia, egoísmo, orgullo, y opresión.
El tipo de ayuno que agrada a Dios, por otra parte, proviene de motivos y actitudes totalmente diferentes. "Desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los oprimidos, y que rompáis todo yugo" (versículo 6). La Escritura y las experiencias similares confirman que hay muchas ligaduras que no pueden ser desatadas, cargas que no pueden ser soltadas, yugos que no pueden ser rotos, y muchos oprimidos que nunca serán libres hasta que el pueblo de Dios, y en especial sus líderes, obedezcan el llamado de Dios del verdadero ayuno y oración.
Isaías continúa describiendo nuestras actitudes apropiadas hacia los necesitados y oprimidos: "Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano" (versículo 7). El ayuno tiene que estar unido a la caridad sincera y práctica en nuestras relaciones con quienes nos rodean, particularmente, aquellos que necesitan nuestra ayuda en cuestiones materiales o financieras.
Gracias Señor por la sangre de Jesús. Obedeceré el llamado de Dios al ayuno y oración como manera elegida por Dios para desatar ligaduras, soltar las cargas, liberar a los oprimidos, y quebrar los yugos. Proclamo que Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes en mí contra. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús! Amén.
