Febrero 22, Entendiendo el campo de batalla

 

Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes en mí contra. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús!

Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. (2 Corintios 10:3-5).

Nuestra guerra contra Satanás es librada en el terreno espiritual; por lo tanto, las armas son espirituales y apropiadas al campo de la guerra.

Es tremendamente importante que entendamos donde se está librando la batalla. Pablo usó varias palabras en 2 Corintios para describir el campo de batalla y nuestros objetivos. En diferentes traducciones, encontramos las siguientes palabras: "imaginaciones", "razonamientos", "especulaciones", "argumentos", "conocimiento", y "pensamiento". Note que cada una de esas palabras se refieren al campo de la mente. Debemos entender absolutamente que el campo de batalla es en nuestra mente. Satanás está librando una guerra total para cautivar la mente de la raza humana. Él está edificando fortalezas en nuestras mentes y es nuestra responsabilidad, como representantes de Dios, usar nuestras armas espirituales para derribar estas fortalezas, para liberar las mentes de hombres y mujeres, y luego llevarlos a la obediencia de Cristo. ¡Qué tarea tan asombrosa es esa!

Satanás deliberadamente y sistemáticamente edifica fortalezas en la mente de las personas. Estas fortalezas resisten la verdad del Evangelio y de la Palabra de Dios y evitan que seamos capaces de recibir el mensaje del Evangelio.

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo que, por Su sangre, estoy derribando las fortalezas que Satanás ha construido en mi mente. Declaro que Satanás no tiene lugar en mí, no tiene poder sobre mí, no tiene reclamos pendientes contra mí. ¡Todo ha sido resuelto por la sangre de Jesús! Amén. 

 

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