Febrero 18, Renovación por el Espíritu

 

Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado por la sangre de Jesús.

 

El proceso de salvación incluye renovación. En Tito 3:5, leemos, "Él (Dios) nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo" (LBA).

El último aspecto que Pablo mencionó en este versículo es renovación. Debemos ser una nueva creación. Pablo dijo, "Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!" (2 Corintios 5:17 NVI). 

La palabra "creación" es importante, ya que sólo hay uno que crea, este es Dios. El hombre puede fabricar, reparar, o producir, pero el hombre no puede crear. Nuestros corazones y todo nuestro ser interior han sido tan manchados y distorsionados por los efectos del pecado que repararlo o emparcharlo no es bueno. Sólo una nueva creación estará bien.

En el Antiguo Testamento, después que David había caído en adulterio, cometió asesinato, y finalmente al ser confrontado con la horrible condición de su propio corazón, clamó a Dios en agonía, "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio" (Salmo 51:10). Él sabía que la creación tenía que venir de Dios; no podía venir de ningún proceso humano.

En Tito 3:5, hemos visto los tres aspectos del proceso de la salvación, un lavamiento, o limpieza; una regeneración, o nacer de nuevo; y una renovación, o nueva creación. Dios hace algo que el hombre absolutamente no lo puede hacer. Todo esto es por la misericordia de Dios, no Su justicia. No es conforme a nuestras obras de justicia, esas no lograrán nada. La salvación tiene que venir de la soberana misericordia de Dios.

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús y la obra de Tú Espíritu Santo. Proclamo que estoy siendo renovado por el Espíritu Santo. Soy una nueva creación, no por mis propias obras de justicia, sino por la soberana misericordia de Dios hacia mí. Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado por la sangre de Jesús. Amén.

 

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