Febrero 16, Su Espíritu Santo en Nosotros
Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado, por la sangre de Jesús.
Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. (Romanos 8:13)
Pablo dice a los "cristianos espirituales" que, si vivimos conforme a la carne, moriremos, ya que estamos nutriendo lo que es corrupto. Cuando vive conforme a la carne todo lo que obtiene es corrupción.
Hay oposición total entre la carne y el espíritu; no hay reconciliación entre ellos. El plan de Dios para la redención es dar muerte a la vieja naturaleza carnal y crear una naturaleza totalmente nueva por Su Espíritu Santo que vive en nosotros. Aunque Dios ha hecho una provisión total para esta transformación, nosotros debemos expresarlo en nuestras vidas. Tenemos que dar muerte a las obras del cuerpo. Dios no lo hace por nosotros; Él nos ha dado el derecho legal, autoridad, y poder, pero nosotros debemos ejercitarlo.
Las Escrituras dicen, "Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre, (Dios) les dio potestad (autoridad) de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12). Recibimos autoridad cuando nacemos de nuevo. Pero la autoridad es inútil si no es ejercitada. El nuevo nacimiento es solo un potencial, es la oportunidad para desarrollar algo maravilloso si ejercitamos nuestra autoridad. Si nunca damos los pasos para ejercitar autoridad de manera bíblica sobre los problemas y pecados que nos confrontan y nos acosan, no haremos ningún tipo de progreso.
Tenemos que cambiar la manera de pensar, que es el área de la carne y entrar en otra totalmente diferente. Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos (y sólo estos) son hijos de Dios" (Romanos 8:14).
Gracias Señor por la sangre de Jesús y la obra de Tú Espíritu Santo. Proclamo que, por fe, doy muerte a las obras de la carne y me abro totalmente a la nueva naturaleza que Tú Espíritu Santo crea dentro de mí. Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido, limpiado, por la sangre de Jesús. Amén.
