Febrero 15, Escuchando la voz de Dios

 

Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado por la sangre de Jesús.

 

Nuestros destinos, para bien o para mal, están establecidos por la voz a la que elegimos atender. Escuchar la voz del Señor y obedecer lo que Él dice traerá bendiciones. Ignorar la voz del Señor traerá muchas maldiciones. Es imposible obedecer a Dios sin antes oir Su voz, porque Su voz nos dice lo que Él requiere.

Muchos cristianos profesos son insensibles a la voz de Dios. Nosotros tal vez continuamos con nuestras actividades y tareas religiosas, pero son repetitivas y formales, son patrones que hemos cultivado y que carecen de una constante concientización de la voz de Dios. A través de todas las dispensaciones, Dios pide a Su pueblo que escuche Su voz.

En Jeremías 7, Dios explicó lo que Él realmente requirió de Israel cuando los redimió de Egipto. Lo que primero pensaba no era guardar la Ley para la ofrenda del sacrificio sino escuchar Su voz. Era Su voz la que los guiaría a mantener la Ley y a ofrecer los sacrificios necesarios. Cumplir meramente lo superficial de la Ley no era válido si no lo estaban haciendo como resultado de escuchar la voz del Señor. El requisito clave de Dios es que escuchemos Su voz.

Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: "Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien". (Jeremías 7:22-23)

El simple requisito es, "Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios". Eso lo resume de la manera más simple posible. 

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús y la obra de Tu Espíritu Santo. Proclamo que escucho la voz del Señor y obedezco lo que Él dice. Proclamo Su verdad para mí: "Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios". Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado, por la sangre de Jesús. Amén. 

Share this post