Febrero 14, Propiedad de Dios
Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado por la sangre de Jesús.
La Biblia dice que debemos glorificar a Dios tanto en nuestro cuerpo como en nuestro espíritu (1 Corintios 6:20), ya que ambos pertenecen a Dios; ambos han sido redimidos de la mano del diablo por la sangre de Jesús. Ninguna parte de mi cuerpo, ni mi espíritu y tampoco mi alma está bajo el dominio o control de Satanás.
Déjeme decirle claramente que yo no tengo un cuerpo de resurrección sino un cuerpo mortal. Pero ese cuerpo mortal, con todos sus nervios, sus células, y tejidos, es propiedad de Dios y no del diablo. Si el diablo invade ese territorio, él es un intruso. Al reclamar nuestros derechos en Jesús, podemos colocar una señal que diga "NO TRASPASAR". Jesús tiene un propósito especial para nuestro cuerpo ya que legalmente este no le pertenece al diablo sino a Jesús. Tiene que ser un lugar donde reside personalmente la tercera Persona de la Divinidad, el Espíritu Santo. Nuestro cuerpo es sagrado porque es la morada establecida del Espíritu Santo.
La Escritura dice claramente que Dios no mora en templos hechos de manos. (Vea Hechos 7:48). Tampoco Él mora en edificios de iglesias, capillas, sinagogas, u otras casas de adoración. Él habita en Su pueblo.
Gracias Señor por la sangre de Jesús y la obra de Tú Espíritu Santo. Proclamo que mi cuerpo es propiedad de Dios, no del diablo. Legalmente, mi cuerpo no pertenece al diablo, sino a Jesús y Él tiene un propósito especial para mi cuerpo. Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido y limpiado por la sangre de Jesús. Amén.
