Febrero 12, El Espíritu Santo que mora en nosotros

 

Mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido, y limpiado por la sangre de Jesús.

 

Una marca muy distintiva de la personalidad es la habilidad del habla. Cuando el Espíritu Santo descendió del cielo en Pentecostés, Él habló en "otras lenguas" a través de los discípulos (Hechos 2:4). Con esto, Él indicó que había venido como una Persona, para tener Su morada en la tierra. Él es ahora el representante personal permanente de la Divinidad residiendo en la tierra.

Desde Pentecostés en adelante, cada vez que el Espíritu Santo viene como una Persona para tomar Su residencia en el cuerpo de un creyente, es propio que Él manifieste Su presencia hablando a través de ese creyente en un nuevo lenguaje que es impartido sobrenaturalmente. En efecto, Él está diciendo, "Ahora sabe que estoy aquí como una Persona para morar en su cuerpo". 

Por esta razón, en 1 Corintios 6:19, Pablo dijo, "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?" Él enfatizó que hablar en lenguas no es simplemente una breve experiencia sobrenatural; más allá de eso, es una señal divina de que el Espíritu Santo ha venido a morar como Persona en el cuerpo del creyente, haciéndolo de este modo un templo sagrado. Esta verdad fija una obligación solemne en cada creyente de mantener su cuerpo en una condición santa que es apropiada para el templo de Dios. 

 

Gracias Señor por la sangre de Jesús y la obra de Tú Espíritu Santo. Proclamo que mi cuerpo es un templo del Espíritu Santo, redimido, limpiado, por la sangre de Jesús. Amén.

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