Febrero 11, Santidad por la fe
Mediante la sangre de Jesús, soy santificado, hecho santo, apartado para Dios.
Podemos decir que el avivamiento está aquí cuando el pueblo de Dios tiene más interés en ser santo que ser sanados. Nuestro estándar de prioridades está incorrecto. Si yo realizara una reunión de sanidad la gente comenzaría a entrar, pero si quisiera enseñar sobre santidad, la asistencia sería menor. En verdad, la santidad es mucho más importante que la sanidad. La sanidad es temporal y lo ayudará a vivir sólo en esta vida. Gracias a Dios por ello. Pero la santidad es eterna; estará con usted por siempre en el cielo. Algo tiene que suceder en nosotros por el poder del Espíritu Santo para cambiar nuestra escala de valores.
Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. (Hechos 20:32)
La herencia es para quienes han sido santificados. Este pasaje dice que la Palabra de Dios puede llevarlo a esa herencia. Sin embargo, ¿cómo se logra la santificación bajo el Nuevo Pacto, el mejor camino de Dios? cuando por primera vez Jesús se le reveló a Saulo de Tarso, Él le encargó a él (quien más tarde se convirtió en Pablo). Él le dijo,
Librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. (Hechos 26:17-18)
Podemos ser santificados al guardar todas las reglas del Antiguo Testamento, si las mantenemos todo el tiempo. De nuevo, esto es imposible para los seres humanos pecaminosos. El otro camino es completamente diferente, no por mantener una serie de reglas, sino por la fe en Jesús.
Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo mi fe en Jesucristo, afirmando que a través de la sangre de Jesús soy santificado, hecho santo, apartado para Dios. Amén.
