Enero 18, Una cuenta nueva
A través de la sangre de Jesús, todos mis pecados son perdonados.
Uno de los aspectos más maravillosos de la naturaleza de Dios es que cuando Él perdona, no lo hace de manera parcial. Lo hace de manera total. El libro de Miqueas lo declara bellamente:
¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. Vuelve a compadecerte de nosotros. Pon tu pie sobre nuestras maldades y arroja al fondo del mar todos nuestros pecados. (Miqueas 7:18-19 NVI)
¿No es algo hermoso? Todo lo que hemos hecho mal, todo lo que podría hacernos sentir culpables, toda acusación que el enemigo pudiera usar en contra nuestra, Dios lo pone bajo Sus pies, luego lo arroja al fondo del mar.
Alguien anotó que cuando Dios arroja sus pecados al mar, pone un aviso que dice, "¡PROHIBIDO PESCAR!". Nunca intente regresar y resucitar algo que Dios ha sepultado. Si Dios le ha perdonado, es perdonado. No hay más cuestionamiento. El perdón de Dios es total. En Isaías, Dios habla a Su pueblo,
Yo, yo soy el que por amor de mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados. (Isaías 43:25)
Cuando Dios nos perdona, borra el expediente de nuestros pecados; este queda limpio, se tiene cuenta nueva. Dios no tiene mala memoria, pero sí tiene la capacidad de olvidar. Y cuando Él perdona, ¡Él olvida!
Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo que me has perdonado completamente, borrando el expediente de mis pecados. Tú los has olvidado, y yo también lo haré. A través de la sangre de Jesús, todos mis pecados son perdonados. Amén.
