Enero 04, Eliminando el pecado
Yo testifico personalmente a Satanás de lo que la Palabra dice que la sangre de Jesús hace por mí.
Observando una vez más la ceremonia de la Pascua en Israel, encontramos una pregunta importante para nuestra aplicación hoy: luego de que el sacrificio está completo ¿cómo hacemos llegar la sangre derramada a los lugares donde vivimos? Mientras la sangre se mantiene en la vasija no funciona. Está disponible, pero no hace nada. Los israelitas tuvieron que tomar esta simple planta llamada hisopo, sumergirla en la sangre, y luego golpear las paredes exteriores de sus casas, los postes laterales y sobre los dinteles de las puertas. Solo en ese momento estuvieron protegidos. Sin embargo, en la ceremonia de la Pascua, algo más precedió a la aplicación de la sangre.
Vamos a ver 1ra. de Corintios, donde Pablo aplicó la enseñanza de la Pascua y la Fiesta del pan sin levadura para los cristianos. Cada familia judía tuvo que eliminar por siete días todo lo que estaba leudado en sus casas. En la actualidad los judíos ortodoxos aún conservan esta práctica.
Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra Pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. (1 Corintios 5:7-8)
Nosotros, también, debemos limpiar la vieja levadura, el pecado de nuestras vidas para vivir en obediencia a Dios. Esto permite que la sangre proteja cada área de nuestra vida.
Gracias Señor por la sangre de Jesús. Proclamo que a medida que la aplico a mi vida, estoy limpiando cualquier pecado que pueda estar presente en mí. Yo testifico personalmente a Satanás de lo que la Palabra dice que la sangre de Jesús hace por mí. Amén.
