Abril 25, Nuestro maravilloso representante
Jesús murió nuestra muerte para que recibamos Su vida.
Vamos a mirar algunas Escrituras que hablan sobre la identificación de Cristo con la raza humana y como expió su culpa.
Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte—es decir, al diablo—y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida. (Hebreos 2:14-15 NVI)
Al rebelarse Adán en lugar de ser un rey, él se volvió un esclavo, atado por Satanás, a la muerte, y la corrupción. Él ya no era libre. Pero para liberar a los seres humanos de esa esclavitud, Jesús tomó para Sí la forma de la humanidad, de la naturaleza Adámica. Tomó para sí mismo carne y sangre como lo que usted y yo tenemos, para que, a través de Su muerte, Él pudiese destruir al que tenía el poder de la muerte, ese es, el diablo, y liberarnos a todos nosotros quienes durante toda la vida estuvimos esclavizados por el miedo a la muerte. En la cruz, Jesús tomó sobre sí mismo la naturaleza caída de los seres humanos y sus pecados. Esto está expresado también en 1 de Pedro 2:24: "Él mismo (Jesús), en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados" (NVI).
En la cruz, Jesús se identificó totalmente con nuestro pecado y nuestra culpa. Él se convirtió en la última gran ofrenda de culpa que quitó el pecado y la culpa de la raza humana. Él llevó nuestro pecado y nuestro castigo. Nuestras heridas se convirtieron en sus heridas, y Él murió nuestra muerte. Él expió esa culpa de la rebelión como nuestro representante, el último Adán, colgando en la cruz, vertiendo su vida en su sangre, dándose totalmente a sí mismo para redimirnos.
Gracias Jesús por tu obra en la cruz. Proclamo que te has dado totalmente a ti mismo para redimirme, y que Jesús murió mi muerte para que yo reciba Su vida. Amén.
