Abril 11, Dando gracias

 

Jesús fue herido para que seamos sanados.

 

Hay un gran potencial cuando somos agradecidos. No sólo libera el poder milagroso de Dios, sino que cuando este poder comienza a obrar en nuestras vidas, la acción de gracias pone el sello en las bendiciones recibidas.

Cuando [Jesús] estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia, gritaron: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!" Al verlos, les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. "¿Acaso no quedaron limpios los diez?" preguntó Jesús "¿Dónde están los otros nueve? ¿No hubo ninguno que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? Levántate y vete" le dijo al hombre "tu fe te ha sanado". (Lucas 17:12-19, NVI)

Los diez leprosos fueron sanados físicamente. Pero algo extra sucedió al hombre que regresó a dar gracias. Jesús le dijo, "Levántate y vete, tu fe te ha sanado". La palabra para "sanar" en el griego es sozo, que además significa "salvar".  Nuevamente, casi siempre indica algo más que solamente la provisión física o temporal de Dios. Es la palabra para salvación que "incluye todo".

Había una diferencia importante entre los leprosos. Nueve fueron sanados físicamente. El décimo, que regresó para dar gracias a Dios, no sólo fue sanado físicamente, sino también espiritualmente; su alma fue salvada. Él llegó a una relación correcta y eterna con Dios. Los otros nueve recibieron una bendición parcial y temporal; el décimo recibió una bendición total y permanente. La diferencia fue la acción de gracias. 

 

Gracias Jesús, por tú obra en la cruz. Proclamo que la acción de gracias trae bendición total y permanente, que Jesús fue herido para que yo sea sanado. Amén.

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