Abril 05, Sanidad a través del perdón

 

Jesús fue castigado para que seamos perdonados.

Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. (Salmo 32:2 NVI)

Para recibir el perdón, necesitamos ser absolutamente sinceros con Dios, no encubrir, excusar ni retener ningún pecado. David describe su propia experiencia cuando en un episodio con Betsabé él fue encontrado culpable de cometer adulterio y luego de asesinato. En seguida, David escribió en su Salmo,

Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: "Voy a confesar mis transgresiones al Señor", y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. (Versículo 3-5,  NVI).

David actuó como muchas personas, se había negado a encarar su pecado y trató de fingir que nunca había pasado. Trató de encubrirlo. Sin embargo, todo ese tiempo fue como un hombre con una fiebre ardiente. Su "fuerza se fue debilitando" y sus "huesos se fueron consumiendo". El pecado no perdonado puede desencadenar consecuencias físicas.

Un psiquiatra me comentó la historia acerca de una dama en uno de los hospitales que él visitaba, ella estaba desahuciada. Sus riñones habían dejado de funcionar, su piel estaba amarillenta, estaba en coma, y simplemente esperando la muerte. Un día, él fue impulsado por el Espíritu Santo a hablar. Él dijo: "En el nombre del Señor Jesucristo tus pecados te son perdonados". Luego se preguntó si había hecho algo absurdo.

Para su sorpresa, como una semana después se encontró con la dama caminando por las calles de la ciudad y ella estaba completamente sana. Una causa de su condición física era el pecado no perdonado. Cuando sus pecados fueron perdonados por la intercesión de este hombre a su favor, su espíritu quedó en paz con Dios y se abrió el camino para que ella recibiera sanidad.

 

Gracias Jesús por morir en la cruz por mí. Pido por la sanidad física que viene al ser perdonado, y proclamo que Jesús fue castigado para que yo pueda ser perdonado. Amén.

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