Bendita disciplina
Salmo 94:12–13
Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges, y en tu ley lo instruyes, para hacerle descansar en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava el hoyo.
Dios es el más grande sicólogo de la educación. Durante algunos años fui director de una universidad que formaba profesores y donde aprendí, al estudiar las Escrituras, cuán profundas son la disciplina y la sicología de Dios en el campo de la enseñanza.
Las palabras del salmista resaltan un gran principio básico: Sin disciplina no hay verdadera educación. Este es uno de los mayores problemas en muchos aspectos de nuestro sistema educativo moderno. La disciplina ha sido olvidada, y con ella se ha ido la enseñanza. Sé por experiencia propia que si un profesor no ejerce disciplina, realmente no puede enseñar. Dios es más sabio: Él nunca trata de enseñar a aquellos que rechazan su disciplina. “Bienaventurado el hombre a quien tú, JAH, corriges”, y aquel a quien “tú instruyes”.
Y entonces tenemos una grande y maravillosa promesa para el hombre que se somete a la disciplina de Dios y acepta su instrucción: “Tú lo haces descansar en los días de aflicción, en tanto que para el impío se cava un hoyo”. Dios está preparando un tiempo en el que juzgará y castigará al impío. Él está cavando un hoyo para el impío, y su promesa para el hombre que recibe su disciplina y su instrucción es que en ese tiempo de aflicción y castigo para el impío, él será preservado y guardado del castigo y del juicio de Dios sobre los malos.
En verdad vale la pena aceptar la disciplina de Dios y someterse a su instrucción.
