Purificado en el horno
Salmo 66:10, Isaías 48:10
Porque tú nos probaste, oh Dios; Nos ensayaste como se afina la plata.
Y más adelante dice Dios:
He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.
En la Biblia hay una enseñanza muy clara y es que Dios prueba a su pueblo, y la comparación que usa muchas veces es que Dios nos prueba de la misma forma que un joyero purifica la plata. En los tiempos bíblicos, la manera como un hombre lo hacía era colocando la plata en un recipiente metálico sobre el fuego más intenso posible. Luego, cuando la plata empezaba a fundirse y a hervir en el calor, la escoria, la suciedad y las impurezas subían a la superficie y él podía retirarlas. El proceso continuaba hasta que no quedaban más impurezas en la plata. Para probarlo, miraba si en la superficie de la plata se reflejaba su rostro como en un espejo.
Es así que Dios nos prueba en el horno de la aflicción: Entre más caliente es el horno, más impurezas saldrán a flote, y Dios en su gracia las quitará con sus herramientas celestiales. Continuará hasta que pueda ver su imagen reflejada en nuestra vida. Entonces sabrá que el proceso ha terminado exitosamente, y nos sacará del horno.
