Dios oye y responde
Salmo 65:1–3
Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás.
Con frecuencia, en las sesiones de consejería a un alma atribulada, he tenido que responder con toda franqueza a quien tiene problemas matrimoniales, financieros, o de cualquier otro tipo: “No tengo la respuesta a su problema. No puedo decirle con exactitud lo que debe hacer, pero una cosa puedo asegurarle: Dios oye y responde la oración”.
Esto es lo que el salmista afirma: “Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne”. En última instancia, toda persona necesita a Dios. Cada persona necesita saber que Dios oye y responde la oración. Es esto lo que hará que la humanidad entera, a la larga, acuda al Señor: el hecho de que Él oye y responde la oración. Y una oración especial que Él se deleita en responder por encima de todas las demás es la oración de perdón por nuestros pecados. Cuando hemos pecado y hemos fallado a Dios y a los hombres, no tenemos que sumirnos en la desesperación. Podemos volvernos a Dios, clamar a Él pidiendo perdón, y entonces poder decir como el salmista: “Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”.
No permita que el temor, la culpa, o la desesperación le impidan orar. Recuerde que en las profundidades de su agonía Dios oye y responde la oración.
