Mayo 24, Experimentando su aceptación

 

Jesús soportó nuestro rechazo para que tengamos su aceptación con el Padre.

 

Hay dos realidades básicas que debe comprender para recibir la provisión de Dios para el rechazo. En primer lugar, Dios no dispuso múltiples y diferentes provisiones para cada una de las diversas necesidades de la humanidad. En cambio, Él ha hecho una sola provisión que cubre todas las necesidades de todas las personas. Esta provisión que lo cubre todo fue la muerte sacrificial de Jesús en la cruz.

Segundo, lo que ocurrió en la cruz fue un intercambio que Dios mismo había planificado. Jesús sufrió todas las consecuencias nefastas de nuestro pecado para que, a cambio, todos los beneficios de la obediencia perfecta de Jesús pudieran ser asequibles para nosotros. Por nuestro lado, no hemos hecho nada para merecer esto, y no tenemos ningún valor ni derecho de reclamarlo. Procedió únicamente del amor insondable de Dios.

Por lo tanto, es inútil acercarse a Dios en base a algún mérito o virtud que imaginemos tener. Nada de lo que podamos ofrecer por nuestra cuenta se puede comparar con el mérito del sacrificio ofrecido por Jesús a nuestro favor.

Cristo llevó nuestro rechazo en la cruz, con toda la vergüenza y traición, agonía y corazón quebrantado. En efecto, murió de un corazón quebrantado. Somos aceptados por medio de su rechazo. Somos aceptos en el Amado. Se hizo un intercambio. Jesús llevó lo malo para que pudiéramos recibir lo bueno. Él llevó nuestro dolor para que pudiéramos tener Su alegría. El camino está abierto para que el hombre venga a Dios sin vergüenza, ni culpa, ni miedo. Jesús llevó nuestro rechazo para que nosotros pudiéramos experimentar Su aceptación.

 

Gracias Jesús por tu obra en la cruz. Proclamo la verdad del intercambio que Jesús hizo por mí: soy aceptado debido a Su rechazo. Recibo lo bueno porque Él llevó lo malo. Tengo Su alegría porque Él llevó mi dolor. Proclamo que Jesús soportó mí rechazo para que yo tenga aceptación con el Padre. Amén.

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