Junio 09, “Ninguna condenación”

 

He sido perdonado y liberado de mis pecados.

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús... Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne (Romanos 8:1,3).

 

Hay dos clases de café: colado e instantáneo. El café colado toma más tiempo porque tiene que pasar por el proceso del hervor. La carta a los romanos es como el café colado. No podemos sacar café instantáneo del capítulo 8 de Romanos. Tenemos que atravesar los siete capítulos precedentes. Este es el colador. Sin embargo, el resultado es mucho más rico. Solamente cuando hemos pasado por esos capítulos llegamos a esa parte que dice "ahora pues". Los capítulos que preceden tratan de la pecaminosidad de toda la humanidad, y el fracaso de la religión para cambiar la naturaleza pecadora del hombre. Usando los ejemplos de Abraham y David (vea capítulo 4), con una comparación entre Adán y Cristo (vea capítulo 5), Pablo continúa con el capítulo 6 para revelar el remedio de Dios para el viejo hombre: la ejecución. Dios no arregla al viejo hombre. Él no lo reforma. ¡Él lo ejecuta! La buena noticia es que esa ejecución tuvo lugar cuando Jesús murió en la cruz.

Romanos 7 trata de nuestra relación con la ley. Yo siempre solía pensar, ¿Por qué venir a la ley después de todo eso? Pero he aprendido que la última barrera que tenemos que superar, la última etapa de este filtro es como nos relacionamos con la ley. Sin el filtro, no podemos vivir en Romanos 8, porque la condición esencial es "ninguna condenación". El momento que entramos bajo la condenación es el momento en que estamos fuera de la vida controlada por el Espíritu de Romanos 8. El principal objetivo del diablo es ponernos bajo condenación. El propósito de la Palabra de Dios, especialmente en Romanos, es liberarnos de la condenación.

 

Gracias Señor por tu perdón. Soy libre de los esfuerzos del diablo de llevarme bajo condenación, y no hay condenación para mí porque yo estoy en Jesucristo. He sido perdonado y liberado de mis pecados. Amén. 

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